domingo, 29 de abril de 2012

Poesía de archivo









“Y yo, para poder llegar a esa frase,
tuve que irme fuera de aquí.
Es esa una de las razones
por las que no consiguen apabullarme
con montones de citas literarias,
    porque sé que cada frase, paga peaje.”  
Pilar García Puerta.





Sismógrafo

Escribir como tirando piedras a los vidrios
o como caminando sobre las brasas
con el corazón la devoción
y el espejismo
y cantar y oler el tapete de las estrellas
y tener y asumir la forma de un niño o de un perro
y ser sobre todo un ángel
y apiadarse de uno mismo
y armar un cigarrillo de lo que sea
para encenderlo con el fuego del fin del mundo. 

Poema atravesado


Mi poesía es un alfiletero,

un puercoespín para adentro,
una manzana atravesada por gusanos lumínicos.
Es un milagro de la cinética,
apenas artificio y preámbulo de irreal desplazamiento.
Mi poesía es un óvulo silente enardecido
perforado por un esperma imberbe.
Las palabras gotean del paladar
con gusto a universo inútil.
¿Y qué hago en éste absurdo trágico?
¿Maldecir mi prosa nacida de la noche
y mi repelente pulso fosforecido?
¿Es el poema la osamenta del alma?
Mi poesía es flecha de amor mediocre
que atraviesa un corazón imaginario
y se pierde al final de la calle.




Ius persequendi


Eso que sentís, protocolo de gala,
un perro cruzando una autopista,
un callo en la mano de Dios.

¿Dónde más podrías recordar
el perfume que olvidaste al nacer?
¿En qué otro limbo
que no guarde su nombre existirías?

Arlequín teórico, criatura de probeta
diseñada para ser ambigua.

¿Cómo podrías perderte en una ciudad
sin sus manos aerostáticas?
¿Para qué abordar un Chevallier
sin su efecto ni su causa?

Sólo ésa damita hace posible el mundo.
ése pequeño trasatlántico del sueño,
preantorcha juglar de tus latidos.

Sólo tenés éste poema temblando
para engañar tu hambre.
éste sándwich completo imaginario,
ésta feta de aire
entre la nada y lo eterno.




Fracaso


Siente que es el único ser viviente que escribe esta noche,
lo siente en cada sanguijuela que se adhiere a sus versos,
siente que no escribe verdades ni mentiras,
no le escribe a la muerte ni a la vida,
que esto no es para él ni para nadie.
Un único aplauso proviene de la desesperada ausencia
y se rinde ante su ironía descorazonada.


El sentido de las palabras



Los dormitámbulos escaopan
en la divirgicidad  ciudáfana cabalgónica.
Carmoligitan, deabandoean, prustruran,
emplanatrizan los clanones buritrizos.
Los dormitámbulos endrobogios del glan
me croxan ampuladofias que merguean, trostogan
himnopusan, liegan y esplixan
en mi oreja dulcemente.

 

 

Conozco un lugar lleno de ebrios


Cuando era niño me interné
en una casa abandonada,
en su corazón abandonado
y en su perro abandonado.
La media esfera de un ojo
me observaba tras lo oscuro,
mientras mi infancia
se iba tiznando en las habitaciones.
Entonces la existencia para mí…
para mí la existencia… era eso
que me iba sucediendo con miedo;
y aunque sólo era un niño tenía
la convicción de que la casa era real,
salvo por los ebrios que decían
entre puteadas estarme soñando…



Arenero


Tengo la manía de buscarme donde no estoy,
de andar sin pies las horas fastas.
Me persigo con linternas,
con los ojos de búho prendidos a la noche,
es el poema el transcurso de la arena
que no pretende contar nada.

El transcurso de la arena no es tiempo,
es sólo una forma de viajar entre los dedos,
de generar espejismos en las manos.

El transcurso de la arena
es una extracción del cuerpo erosionado,
del bostezo interrumpido, del amor excomulgado,
es una forma del perdón de los pecados,
es el poema el transcurso de la arena,
pero hoy está tan quieto, tan cansado…

 

 

Cura


Ella te habló de esto
lo hizo despacio,
te preguntó sobre tus alas
de papel quemado,
sobre tu aureola de carbón de lluvia.
Ella te habló de esto,
de que los ángeles no traen la cura,
que no alcanzan los poemas
para salvarte del mundo.
Ella te habló como a un loco
pero no sabe que la única cura
contra éste mundo
si no es ella, es la locura.


Roulette loves

Este es el juego en que yo te leo y no me lees
por leer al que no te lee,
que lee a la que me lee pero que no leo.
Porque ni él te lee, ni ella lee al que tú no lees
en la medida y forma en que yo te leo.
Este es el juego en que nos gatillamos a la sien en ronda,
para ver si de una vez por todas saldrá una bala.


 

Carrera de posgrado


Yo no soy yo,
apenas soy un semiyo
un protoyo, un casiyo.
No me conozco,
no puedo confiar en mí,
por eso escribo y me estudio,
para recibirme de yo mismo.



Recuerdo


Todos esos atardeceres

en que creí hundirme en el horizonte,
todas esas despedidas
en que creí que yo me iba.
Hoy estoy  tan lejos de mí
que sólo recuerdo los atardeceres.



Cabaña en invierno


Sandra sangra
al calor de la salamandra.
Aunque no es su nombre
y no es su sangre,
Sandra sangra
al calor de la salamandra.
Afuera nieva
nube tras nube el frío me sube
y no hay piedras
para afilar el cuchillo,
sólo la nieve roja y tibia
fuera de la cabaña donde
Sandra sangra
al calor de la salamandra.



Sinos y Nones

No, apócope del jamás nunca,
respuesta mínima ante una verdad inmensa.
Palabrita de mala muerte,
pequeño ángel de la negación,
inamovible matasano del subsuelo.
Yunque unísono, no.
Sí, una suerte de colibrí colérico,
aunque en toda afirmación hay un titubeo.
Palabrita de los permisos,
guiño de ojos.
Obsecuente mozo de los restoranes,
 palabrita que silba en vano, sí.
Si no, no sé. Nos vemos.


Vos

Pájaro azul migrando al fuego
alucinado en mi pantalla,
Perséfone sola, críptica, contraída, 
malamente dormida, sin el beso, a veces…
y mi tren corriendo lejos,  en un campo oscuro,
una fría noche de humo.
Yo, suicida en pleno coito con el pavimento,
vos el trampolín de mis palabras,
presencia ausente, surrealista, relámpago hechicero.




Mago


Me debatía el alma en la vereda
       con Bea en su cúpula morena
en la ampulosa cristalería de la tarde
apareciste desbrujulado y divertido 
entraste a nuestro círculo efímero
me asomé a tu mirada
de infinitos pórticos árticos
y pude ver un paisaje
ambulante y conmovedor
traías maletas a corazón abierto
una amatividad desmesurada
que me rajaba los ojos de ternura
ultrapuro lamedor psicosomático
encontré en tu manto tibio y profundo
un páramo donde volver ser niño.




Gnósticos

Conocimos los peligros de amar a una chica
en los parques de diversiones, ok,
de hacerle el amor en la montaña rusa
para llevarla luego
de la mano por el tren fantasma.
Miramos la luna en el cielo
y parecía una máscara flotando en el agua.
Conocimos la pulsión inicial
como en un drugstore de consumo adolescente.
Y conocimos el último poema de amor,
el cadáver elemental de toda muerte.






Oz_Literatus

“La vida no es más que una sombra andante jugador deficiente
Que apuntala y realza su hora en el escenario
Y después ya no se escucha más. Es un cuento
Relatado por un idiota, lleno de Ruido y Furia,
Sin ningún significado.” (W. F.)

Así estamos los ángeles del desparramo,
con la aleación rota en el discurso;
con el pescuezo de la literatura de trapo
pendiendo, quebrado al medio
como un verbo quebrado
de usarse.
Y acá no hay un edén robado
no eleven su denuncia al cielo.
¿Recordará ésta fantasmagoría
alguna crítica literaria la navidad pasada?
Los espectros, que en verdad existen, lo negarán.
Los adustos cortinados que sopla el viento, lo negarán.
Y las bolsas de aire, y los perramus sin nadie…
¿Y para qué escriben las personas?
¿Para completar con sus propios rostros un álbum de espejos,
o para soñar un lobo-hombre en la luna
aullándole a la tierra?
¿Y para qué escribe un fantasma?
¿Para ponerle mayonesa poética
a una hamburguesa literaria?
¿o para excavar en turmalina efímera
un idilio de diecisiete pulgadas
por correspondencia online
de literatura online
con el corazón online
hasta recibirse mañana de ticket expirado?
Ah! Cómo te instauras incomunicación;
imperas mis días y mis noches
de juglar metalúrgico sin rimas.
Duermes con mis terapeutas, posteas en mis foros,
te desalmas con mis exorcistas hembras
cuando se materializa una sonrisa
auspiciada por dentífricos.
Quizá todo sea para equilibrar el mundo
o somos músicos sin notas,
si nos duele el laúd, el fagot, si el ukelele duele,
o éste pequeño chernobyl honey
efervescente en mi vaso de gin tónic.
¿Alguien ha pensado en medirle el PH a éstos versos
o sospechar siquiera, entre líneas,
que Mickey Mouse se haya muerto?




La máquina de esmerilar

A Darío G.

Este es el poema en que abandono la poesía
la eyección
un auténtico trampolín al realismo
el último verso que me pondrá de patitas en la calle

Dicen que un día Dios creó una máquina para tejer el viento
¿sabían?
Y otro hizo los árboles que producen pájaros…

En una ocasión con su arte-facto
propició la semblanza de los pantanos
he hizo una sembradora de muertos
 sujetada a nuestras cabezas
que funcionaba como un martillo neumático

Ideó una máquina de aerosoles psiquiátricos
que pintan todo de blanco
nos volvimos polvos termoconvertibles
en el arderous
un día hizo la máquina de esmerilar el mundo
y se llevó a Darío a su país imaginario

Todo pasa tan rápido como un pasaje de la cocina al patio
aún llevamos galletas calientes en los bolsillos
y éste cross de silencio
ésta  mala praxis mobiliaria a un costado del alma


Asumí que aquella vez de puro morbo
el creador asomó en el terror del día
su monóculo a mi corazón
            sonámbulo anduve con el sueño portátil
sabiendo que no habrá una sonrisa igual
que no alcanza con prohibir una palabra
que no hay equivalentes poéticos para Darío

¿En qué momento nos dimos la vacuna contra la esperanza?
¿Cuándo fue que nos curamos de fe en la vida?

Los ilusionistas se están llenando de dinero
las aseguradoras presentarán quiebra
y la máquina de esmerilar el mundo
 seguirá haciendo su trabajo sucio
                 como alondras comiéndonos los ojos.



Imagen 144

     En mi pc tengo una fotografía: La imagen 144. Debería decirles que es mi foto favorita desde el primer momento en que la vi; que no he podido dejar de mirarla durante años. Esa imagen equivale a la sumatoria de todos los recursos naturales. Podría decirse de ella, que es la única ventana al mundo de la que me quiero arrojar. La 144 me va plegando el alma como a las aristas de un papel, para reducirla a un cubito de lados irregulares. En la 144 es de noche, hay unos ojitos cafés que me sonríen, dos taxis detrás con las luces encendidas. No sé más.
      Hoy decidí eliminarla de mi ordenador. Atormentado por una esclavitud tan dulce, voy a sacar un valor absolutamente cobarde; voy a señalar la efigie, cerraré los ojos  
- esperando quizá algún milagro- y de un sólo click va a terminar.



Amanecer en el parque

   Ella viene casi de soslayo en la noche, para sorprenderme en mitad de Enero. Dice que se llama Sed, que me parezco a un pintor amigo que nunca pinta nada.  Yo le digo que él tendrá sus razones pero ella saca un manojo de llaves y abre mi cofre torácico. Entonces la insulto, porque hace un tiempo que ando con el espíritu de un baño químico; y le digo que tiene el corazón encorsetado, que soy un antihéroe, que hoy para mi cualquier mujer del mundo tiene las crisálidas formas de una medusa de mar. Le digo que su sexo es una hostia o algún tipo de placebo sublingual, que soy un canalla distrayéndome de fantasmas. Pero me conmueven sus gestos, su paciencia a prueba de polillas. De seguro lo hace muy bien con la boca, pienso, en ese culo hospitalario, en la tristeza insoportable de no verlo nunca más. Pobres las rodillas desnudas cayendo sobre el césped mojado, pienso -una vez más- es el final del camino.



Texto para ser leído con el silbido de fondo de las cosas que van cayendo

   Un cigarrillo cotidiano es sometido a un enésimo ritual de encendimiento, escribir luego, a la nada misma. Y esto ocurre, mientras alguien pinta un graffiti en el subte, o estampa su automóvil en un árbol, o nace, o claudica ante las bombas-hombres, ante las drogas-grandes, o ante los altos-precios, ante la nada misma.
No creo que este cigarrillo termine antes de una nueva nada, y la poesía pasa sus dedos por los objetos fríos, mientras todo esto acontece yo escribo, como se construyen los instrumentos de viento, con el viento…y no es frivolidad, al contrario, me siento tan íntimamente ligado al dolor, como lo puede estar el ser más insignificante de la tierra, con su circunstancia enorme.
    No es un saber relevante el mío;  inclusive es improbable su definici´n de “saber”, la ausencia de una letra por ejemplo la desaparición de una “o”, conjura de tal modo una emergente estética de la ausencia, que hasta la nostalgia y el humor contrastan con la incomodidad de la imagen.    Del verbo “quebrar” extrajimos inexorables fragilidades. Para cada sustantivo paliativo, una locura ortográfica; Así cancelamos la cuenta del electrocardiograma, por su ilegible tipografía, por su maniática traducción de sentimientos. 

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