domingo, 29 de agosto de 2010

Poemas perdidos del nunca jamás


Espectral de media noche


Ellas que sobresalen de los tiempos,

que son postales, golondrinas disecadas en el cielo.

Ellas que no cesan de ser ellas y se les suman otras,

que ahora atraviesan la sala,

desfilando sus mitologías

me pasan las manos por la mejilla y están frías,

cierran mi libro, mis ventanas, pero no hablan.

Para que no me duerma

algunas van a prepararme un café que es imposible de beber;

otras me abrazan, para que no encienda el fuego,

a la lumbre yo soy el fantasma.


Argucia



¿Ves que fácil era, que lila, que dulce era?

¿ves? Artemisa,

¿ves lo que yo veo y como yo lo veo?

como si fuera un filtro hacia la luz,

como un pasaje de pájaro en la mira,

como una flecha de carne incrustada en el árbol.

Así lo deben ver los inocentes de titubeo párvulo,

los instigados, los humanos puros,

todos quienes han matado por vez primera.


Incorpóreo



Podremos vivir sin comer

y sin tener hambre,

sin pedirle abrigo al sol

ni pincharnos las venas.

Podremos volar

sobre las gramíneas

y acceder al oscilante

sueño de los niños,

nos burlaremos

de la lucha por el territorio,

de los cuerpos portadores

de corazones jenízaros,

que buscan amar con el tacto

en profilaxis plenarias. Nos reiremos

de las transformaciones larvarias

para obtener alas,

nos reiremos tanto y tan bien.

Vivamos

a la manera de un poema,

vivamos

las postrimerías de la vida,

el periplo en la penumbra;

salgamos a ese parque conciliatorio

y muramos

sepultados por los arco iris,

para ser mañana tan sólo

el cadáver de la risa.



Una historia que contar



Hubo un tiempo de risas,

que ahora viaja por el recóndito espacio de un suspiro.

Hubo un lugar profanado,

creo que ese metro cuadrado en su alcoba

donde jamás copulamos.

Hubo una aspirina natural que adulteramos,

hubo una inocencia en su vientre

y una culpa en mi estómago.

Hubo un absurdo desencuentro,

un cielo de tierra

corazones de parquímetros

amores hemipléjicos.

Hubo una vez ¿y hasta cuando?

¡Nostalgia de lo no vivido!,

ropero de lo edénico, ayer impuro,

soy como el tipo que entra a un bar

a beber y a descorcharte la oreja.


Los sentidos resentidos


Un día simplemente

la lamparita que nos alumbra a todos

goteó una lágrima filamentosa,

escupió un poco de tabaco que una vez fue luz

y se apagó…

Hubieron desvanecimientos de bujía,

primero el reloj, después el paraíso de barajas,

las mujeres tamborileras del sexo,

la palabra hotel de un cenicero,

se fueron desvaneciendo

o se convirtieron en secreciones de sombra.

Se venía cayendo todo y el piso subía,

estaban oscuros los espejos,

lejano el sueño

en el que hubo una dulzura inocente

en aquel terrón de mundo donde moría la tarde.

Dejé abandonada a su suerte mi fiel esperancita,

quedamos a oscuras,

¡juguemos a los ciegos! gritaron los mudos

algunos obedecieron de inmediato,

otros nos tapamos los oídos.









Difuso



La bruma tras la niebla

sobre y debajo de mí

dentro y fuera en los ojos

canción de mis dedos

la bruma y la niebla

Invierno sordo incorpóreo

difusa imagen de los vapores

vahos nebulosa soledad

¿Qué hay más allá?

más allá estoy yo también

y la bruma y la niebla...



Amor abyecto



Es una soledad versátil

es una burla señores.

Es un coeficiente de locura postraumática;

es una emulsión de whisky.

Un graznido de cuervo.

Escucho el eructo de un trueno;

escucho el llamado de mi corazón

que es un agujero por donde arrojarme...

¿Que el sufrimiento enaltece al hombre?

¿Que hay un cerdo en el museo de Louvre?

La tristeza en escala Fahrenheit.

Ya es mucho vivir, pero contemplen

con la sonrisa ensangrentada.

Deberíamos terminar con todo,

dedicarnos a la blasfemia,

deambular por el moho de las almas ruines.

¡Amar! señores, ¡amar!

Escriban y mueran que lo demás es poesía

y el amor nos traerá de vuelta a la vida.



caricias (gestos tiernos)


Caricias en los cabellos caídos,

en los labios herrumbrados,

en las manos maniáticas cansadas.

Caricias como aleteos de pájaros,

como una lluvia de burlas

del dolor enamorado de mi alma.

Caricias en los senos de las piedras,

en sus sexos no reproductores

llenarnos de níquel pulverizado;

y luego de reconocer la escena

llevarnos las manos a la cara.

Simulando una prisión con los dedos.


Nido de víboras


Los rayos de sol se infiltran,

soldaduras de luz en el pasto.

Se diría que es hermoso el amanecer.


Se amansa el campo

por el silbar de los pájaros sobre el río

que corre

como un tenue

transcurso de vidrios.


Visión del mono primitivo

este calmo pajonal,

de incendios efímeros y mariposas efímeras…

Las piedras no paran de brillar,

los caballos embellecen

bajo el sauzal persuadido

por su sombra convulsionada de luces.

Los abejorros y las flores amarillas,

alguaciles sobre la gramilla

todo tan vivo, todo tan bello,

yo rompo el cascarón

----------------------------y me retiro en silencio.




presentador de finales


Si me confiaran elegir un preludio

a todo ocaso,

si me dieran el don de anticiparlo

amarrado al fin del llano,

al andrajo flameante perseguido.

Si me dieran al confín establecido

de ser la simple llama

iniciadora en la clausura de este caos,

de pretextos y disculpas adheridas

a un crepúsculo que adyacente desespera.

Si pudiera comunicar en el desenlace,

la turbulenta máquina de desamparo

o diagnosticar apenas el delirio

de tanto verso en vano,

de tanto travesti amamantando.

Si me dieran este predio de significaciones,

que intenta decir que está acabando.



Mañanita de tango


Qué fácil quererla, pero que difícil, che,

mañanita de tango en esta pieza de pensión,

que me ha sorprendido en camiseta

y con el cigarrillo apagao.

Con el mate bien caliente y amargo

con las alpargatas mal puestas

y una pena que he venido arrastrando.

Una escoba casi muerta en un rincón,

una mujer casi viva que aún duerme en el catre,

sin darse cuenta siquiera que está lloviendo tan triste;

sin saber que está lejos de los tragaluces indigestados

del lupanar de donde la tomamos prestada pa¨ no devolverla.

La heladera como un alma que enciende su luz;

muestra la leche con nata y un tomate arrugao,

nos da esa frágil esperanza desarticulada de estar soñando,

de que no se ha muerto de pena el canario

que perdimos en una mano de truco y dos vasos de caña.

Una laucha me mira con ternura desde un agujero,

catalogao apenas como animal de ojos negros

por mis pobres conocimientos enciclopédicos.

Desde otra pieza el olor de las tortas fritas

se va enterrando en el recuerdo de la vieja,

“Sólo una cortina nos separa del crimen”

decía de la pensión allá por el treinta;

para luego abandonarse al silencio de los patios,

en esas siestas que yo no quería dormir de puro otario

y después partió glorieta madre mía.

Y ésta lluvia paria que me ha estao siguiendo

como un perro desde los doce carnavales,

que fácil quererla, pero qué difícil che,

que mañanita canejo, mañanita de tango.



Vidriera nocturna

El espejo negro,

el mercurio flujo del sexo,

el poema inútil de un niño

que escapó desnudo,

y el cenicero al filo del silencio.

Ella sonríe y desde atrás de su cara

se eyecta la techumbre de una iglesia,

se revuelcan sus trasojos en el látex

en la sombra a perdigones del cuarto

lamiendo así a cualquier hombre

como al pasamanos de un colectivo

y cuando vuelve a recuperar su cuerpo

permanece inmóvil, en rosa color de la carne

como un lejano maniquí prostibulario.




Arenero


Tengo la manía de buscarme donde no estoy,

de andar sin pies las horas fastas.

Me persigo con linternas,

con los ojos de búho prendidos a la noche,

es el poema el transcurso de la arena

que no pretende contar nada.


El transcurso de la arena no es tiempo,

es sólo una forma de viajar entre los dedos,

de generar espejismos en las manos.


El transcurso de la arena

es una extracción del cuerpo erosionado,

del bostezo interrumpido, del amor excomulgado,

es una forma del perdón de los pecados,

es el poema el transcurso de la arena,

pero hoy está tan quieto, tan cansado…



Desbrujular


No sé si es esto lo que me pasa,

si es hoy lo que ahora llueve

o si estoy recordando mañana;

si es que bajo las escaleras de lo negro

y atravieso la puerta de lo oscuro

para abrir un cierre relámpago

en la espalda de la noche.

Hoy desconozco cualquier paradero,

(no distingo un poema,

de la factura del gas, o de un telegrama de despido)

solo sé de este corazón roto y suspendido

haciendo las veces de regulador de caudal de vida bajo el aguacero.

Y no es otra cosa el universo

más que infinito de oscuridad

donde se sublevan temblorosas

las luces que nos guían;

y hay casas perdidas en mi casa.

Encuentro puertas de otros tiempos

en la mampostería de mi cráneo;

abigarrado cuarto con membranas de turbia muselina,

en pleno borgeano hospedaje de lo incierto.

Me muevo en despropósito direccional,

debo cumplir mi rol social pero ¿cómo?

¿Manifestar la algarabía de la risa

o fingir la catalepsia de los escarabajos?

¿Caminar chapoteando éste piélago de sangre

que es la noche en Buenos Aires?

¿Cómo esperar que mi existencia

dure más que una hojarasca?

Bajo la viruta que cae del tiempo;

de los satélites anidados por aves

ingrávidas como toda poesía.

La viruta cae del día en esta noche,

en que me he alejado tanto, me he perdido tanto,

el tiempo se ha detenido, la lluvia se ha detenido,

yo me he detenido en mi memoria

y permaneceré ahí, sin saber donde ir.




Memorándum


Hablabas de una ausencia de boutique,

de maniquíes amputados

...y los besos sin labios y los abrazos sin brazos.

Decías que tu religión era la más grande de todas

y tu dios él más inmenso,

hablabas del vacío por supuesto

-ostentabas-

que algún día ibas a ascender a su cielo.

Y tu humor nos incendió de lágrimas ante el entierro;

y tu risa del otro lado

nos colmó de una esperanza desagradable.

Cuando parecía que lloverían cuchillos,

que tronarían corazones;

como si bajo la lluvia más triste del mundo

regalaras paraguas despellejados

para perderte bajo la tierra

como un relámpago asustado.


Imaginaria


Flúor residente en ella,

de labial penicilina.

La vendimia en sus ojos

su fresca humanidad

el olor de los nísperos…

Respiro tan bien en su pelo

que todos los susurros aleatorios

son pocos para explicar lo que siento.

Su canto me corre como el agua,

imposible no imaginarla.

Ella me mira con tal transparencia

que me es muy fácil saber,

en cual de sus manos oculta

una libélula imantada.


Abrazo



Los basiliscos

bajarán desde tus ojos,

y yo tendré que besarte muriendo

para darle vida

a los títeres de tu cuello

y a las luces asfixiadas

que te enmudecen.

Deberé tratarte

como cualquier cristalería,

hablarte del cause frívolo de la vida,

del cariño

maldecido y destinado,

esperando tal vez

que me mires con la ternura

confusa de lo ingenuo,

para hacer de mi alma

un espejismo incapaz de darte

más que un efímero consuelo

que te tiemble contenida.



Falena



Mariposilla de los días nublados,

del tiempo oscurecido y la desprotección,

antro-prófuga de mi alma,

falena, afgana, Campanita de Campana,

te llevarás mi corazón, lo sé,

te llevarás hasta la última gota de mis palabras

y cuando no tenga más que tu mirada

en boreal aurora a deshora

dejarás de mirarme…



Poema a un dibujante herido


Aliviar el papel que arde como hierba,

como una naturaleza muerta, en medio de la vida.
El surco en la cara,
donde se van juntando los residuos del tiempo
y la caricia de sombra rupestre, desvanece su conjuro.
Podemos usar un lápiz frío como el mundo
o el estallido de todos los pigmentos crepusculares que nos salpiquen.
Los filos desesperanzados sacaran punta a nuestros trazos
de optimismos conmovedores.

A la manera en que un dibujo tiene alas,

de la forma en que sus plumas
escriben versos
y se fuga un pájaro de nuestro pulso “adiestra aves”.

Alimaña y palabra vacía serán dóciles

y dormirán un siglo.

Tengo un secreto mordiéndome los dientes,

como si tuviera la boca llena de cantos,
cuando el corazón es un puño cerrado,
un árbol de navidad en agosto
y nos falta el hemisferio izquierdo de la risa.

Es por eso que el dibujo pliega almas,

que las palabras son un tembladeral de constelaciones.
Para anestesiarnos un poco la cúspide;
con estrellas más nocturnas que la noche,
cuando no se puede ni dormir
con tanta enfermera cruel
taconeando fuerte por el cielo de madera.









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