viernes, 30 de julio de 2010

Mitología personal

Mitología personal
A C.




Llevo su mito celular
bullendo en mi sangre,
llevo grageas en mis venas
con su humor.
Extremado a un collar de ahorque
me pasean el miedo o la risa
en la desesperación de un bestiario anterior.
Porque requiero ser iluminado en su amnesia
la exijo para despabilarme en las mañanas,
lavarme en la cara las cicatrices de la noche,
me urge para dilapidarle los dientes
a la sonrisa de los que se ríen de mí dentro de mí
insanamente, la sangre al río, ríen.
Para ser el comensal de su dolor cuando amanezca
y orinar como los hombres duros de Bolaño.
Entonces me posee el espíritu de la arrogancia,
y sin creer en contenido alguno,
mi relativo corazón se enciende…
Me postulo para algún cargo público,
me desdigo del prójimo pródigo…
lo admito sublime o subdesarrollado,
dios o taxímetro, fotón o ser humano,
claudica la ortodoxia, la ortopedia estética
me persiguen los cantos del mundo,
y hasta escucho en los lugares mas ruines
el grito de los Alpes.
Todo eso hace su leyenda azteca.
En tiempos de escarnios teatrales,
de emputecidos milagros de alcoba
y gimiendo como lo hicieron sus antepasados,
los energúmenos copulan con las malandrinas,
mientras la noche con su iguánida sombra
vierte el gentil vino que los embellece.
De un beso transgénico,
se fotocopia un “te quiero” orgánico
en cuya adulteración de la energía
la palabra prohibida es pronunciada.
Demudan a la carnalescencia
se empeñan en lamerse los cartílagos
en apropiarse de un modo genérico
de una mueca post coito
y apenas bendecidos los caros pobres
despiertan
desentendidos del alba…
¿Han notado a los extras sin nada que decirse?
¿La mala literatura en la frase “hacer el amor”?
Ah, unicornios de la fornicación,
Minotauros eyaculantes, oficinistas del clímax,
ustedes están en pugna con los hechos,
“Así se creó el amor)
“así se hizo la vida…)
Así los puentes extremaron comunicantes
y solo pudo distarlos en ardor de irrelevancia
la micra inicial de un suspiro.
De todo eso me salvas cuando puedes
porque de tus pupilares cánulas manan
tus mis lágrimas tus mis soledades.
Durmiente hasta en sus días de ira
no habría otro regazo donde caerme a soñar,
aunque sus tempestades me reclamen
con furias que intentan despertarme
tatuándome dragones que me comen el espinazo
y el mundo me grite al oído que estoy muerto,
al momento en que debería
de interrumpirse el onírico concilio,
y desvestir de párpados
a mi animal de encierro,
me maravilló su mito extraordinario
inusitado,
psicotrópico,
ángel,
tuca,
cigarrillo de tiempo,
atraviesas la utilería de los sueños
y con tus mis manos mexicanas
de ónix de tungsteno, rompes buena parte de la luna.
Apoya su oreja más sorda
en la inmortalidad impura del espacio
y aún así
ella puede escuchar mi colibrí cardíaco
sacudiéndose en su jaula.
Ya no importa siquiera
si en mi pecho Mindanao fosa,
bastará interrumpir su auscultación
para que cesen mis latidos.

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