miércoles, 24 de febrero de 2010

Aneurisma II

Arderous


Un desprendimiento, cae tu corazón,
un día cualquiera, casi un sueño
elegido entre las mil manadas
que transpiran tu fiebre en infernal estampida.
Los dromedarios de tormenta
simulan senos en el horizonte ígneo,
de un promiscuo espejismo vaginal
nace una mariposa falena,
cuya erótica anomalía
suspendida en tu mente pende del terror.
Prodigio del esperanto muerto,
recluido en el mutismo,
absuelves tu cráneo desatando el fuego
de una soledad insuficiente.





NON SANCTO


Desamor, o ceniza de insomnio,
que voy bebiendo de la copa de un árbol,
para dormir verticalmente a mi dolor,
y así
si es posible
entrar en el sueño de mi amante
como si entrara a una iglesia en penumbras
a desbautizarme...
Con pétalos de ausencia fosilizar mis ojos,
ir conformando una mirada sin verla,
ir deshojando la visión de este pecadero
para suicidarme con su aureola.



Omnívoro


El amor me ha quitado el hambre,
no me corresponde tu corazón
y lo sé…
Todos estos manjares yacientes,
estos animales muertos,
son meros desguases.
Corro despavorido de los alimentos
hacia el sueño,
donde en mi estómago perdura tu voz
adormeciendo la náusea.




La palabra prohibida


Cuando el crepúsculo se impregne de nosotros
ovulando tierra, eyaculando agua,
nacerá tal vez el adiós y partiremos,
amor, del modo peor nos partiremos,
atravesaremos cortinados oscuros
y nos atravesará una noche
al filo de la palabra prohibida.
Pagaremos el precio por ser
culpables de ser inocentes,
cuando por fin uno de los dos comprenda,
será quien vele por el otro.
La palabra prohibida
es un interruptor para encender algo,
algo que hemos apagado con la luz.
No hubo una alquimia nunca más,
no hubo desconsuelo peor que aquel
cuando se nos obsequió la vida,
en una caja envuelta con cinta de “frágil”,
y al sacudirla notamos que había algo roto
y ninguna garantía, amor,
la palabra que es sinónimo de hechizo
se nos reveló prohibida en mil pedazos.




Continuidad de mi cerebro



No esa luz que se apaga
a medio camino de tus ojos,
que se encienden
a medio camino de los míos,
que gotean
tuyos, del paso del tiempo.
Sino esa arenífera, sanguínea,
tibia, continuidad de mi cerebro.
Que es tu cuerpo
interrumpido apenas por un hilo
tenso en mi pensamiento,
por ese membranal recuerdo
dentro mío, tuyo
ese absurdo perro lamiendo el reverso
de la mano que acaricia
en fría continuidad de mi cerebro.



Ensayo


Pienso que todo fue un ensayo,
una réplica nocturna de la piel de un rayo,
¿Hemos emulado algún tiempo juntos?

Abrí una puerta de aire aprisionado
bebí tu fuego al azul vivo
y cayó al agua mi último puñado de sed…

¿Ves como viajan las luces por el campo?
…así una noche mi corazón será libre.

Necesito mi antigua interpretación…
de la vida para vivir.

Donde todo es tarareable y musical
en el estante de arriba, a la derecha,
al lado de las legumbres ¡los venenos del mundo!

Así es el amor y la piorrea celestial,
así es la cárcel más vieja de la historia
donde mora el ajedrecista lucifer,
jugando ya sin reinas…



El dulce temblor de tus ojos


Es el olor a azufre de esa flor camafeo
poseedora de diablos dormidos,
frío silencio irremediablemente cierto
cuando la verdad muda
nos mira con desesperación a los ojos.
Es el ahorcamiento del corazón por una arteria yugular,
es el coleccionista de los poemas rotos
que nos persigue por la calle sacudiendo los huesos.
Es el destino y su sedentarismo bajo
que congela las piñas donde más duelen,
es el rincón del mundo donde no hay a quien amar,
y es el resto del mundo donde no existe el amor,
es la palabra más absurda en el oído más sordo
del ser menos interesado en lo que digo.
Es cada desilusión que me desangra en invisibles
torrentes de tiempo perdido,
es la lección de humanidad más cruel y perfecta
y el diploma que nos habilita a ser como todos,
es la hormona de las bromas que matan,
es la muerte que ríe porque entiende las bromas,
es la muestra que mandarán al espacio
para testimoniar quienes fuimos.
Es la caricia del huérfano a la piedra
y es la piedra del huérfano contra un vidrio,
es el precario don de la confianza que claudica,
es el ritual de las hormigas emputecidas,
es la poesía que querías,
es el dulce, dulce, dulce temblor de tus ojos.



Defoliación


No sé del tiempo y de las hojas que nos quedan,
cuánto durará su cariño por mi tacto,
aunque en otoño pensemos en hacernos daño.
Esperemos a que maduren los cuchillos,
a que su boca se seque con mi boca
propagando un cementerio de “tequieros”
en las salinas de nuestros cuerpos.
Los quelíceros bailarán devastando nuestras bocas
y besaremos a nuestro amor pidiéndole perdón.



N° 1 del manual del tiempo perfecto


Me hundo en tu sexo de opulenta crotoxina
espejado en tu sonrisa vertical,
me adhiero al vaivén de otros fantasmas
que se te pliegan al clítoris
con un soplo de autismo encantador.
Así es la vida real, así huele, así sabe, así dura,
porque el amor pasó a limpiar la habitación,
y pasará cuando nos vayamos,
porque ni mi nombre importa
será Morgan o Barba negra.
Somos obsesivos agarrados
a las imágenes de nuestro pulso,
somos hipocampos promiscuos,
teléfonos públicos, cogedores,
nos matamos sin música,
ni tu nombre importa,
será el de mi madre o el de mi hija,
porque el amor pasó a limpiar la habitación,
y pasará cuando nos vayamos.
Como un forense en el látex,
buscará una pesquisa, una nimia concepción,
algo que no revele desnuda hacia la ventana
la anorexia del alba.



Experiencia


Pensaba en vos,
en tus complicaciones y tus no,
lámina rabiosa
tu dulce boca, tu oreja sorda,
pensaba en tu impiedad,
tu alma de otro cuerpo,
en la fría persiana de tus ojos
cuando hacíamos un amor frío
y el dolor de muelas
como una música de fondo,
era toda una filarmónica
que nos conmovía las pupilas.



Maldito corazón eterno



Voy a rezar
en su basílica de sexo,
virgen imposible,
voy a rezar
con toda mi piedra acorralada
por sus piernas.
Hasta que las feromonas mueran de amor
en el eco de su epidérmica orquídea
sacudida por un viento de palabras.
Soy el enviado
de un tiempo idílico,
usaré el amor
para engañarme,
para retratar un poema,
para reproducir más fielmente el sueño,
para copular su gárgola
que se descascara bajo mi alma.
Geógrafo de nalgas,
instructor de vientres,
orador de labios estacionarios,
de lengua entrometida,
de amor efímero,
voy a enamorarme
perdidamente de una prostituta,
de la más insensible,
la que ni me sienta,
para proclamar en el coito:
¡Maldito corazón eterno!



Ella en su columpio vacío


Uno
todo comienza en uno,
Uno soy yo, por suerte solo uno.
Uno quería lo casto,
lo virgen
lo inmaculado, pero…Ella,
(A la vida la llamo Ella)
nos legó un bofe ultralamido,
hotelero y baldíamente adobado,
ungido en la diversidad seminal
de todo un ámbito bailantero.
Con estos versos pardos
así le agradezco,
éste objeto sin ser, de treinta mangos,
que poseo un día de lluvia,
mientras un trueno me sacude las vértebras
del no siento.
Uno quería algo manual,
ligero, etéreo, ultraliviano,
pero Ella nos depositó
ciento veinte kilos de pescado
que se mueve a destiempo
que se queja por algo,
(Ella nos está subestimando el alma)
Uno pidió un decente músculo hueco,
un hielito visceral latiendo en iglú torácico,
tic tac en su pecho,
con sus ventrículos sin ventrílocuos,
y sus aurículas áuricas…
no obstante Ella, (alcancía de asco),
nos bendijo con una caja de cambios,
engranes de dientes rotos, dos velocidades,
injertada por mecánicos-cardiólogos
a martillazos, bajo sus pechos sudados.
Uno hubiese privilegiado la inteligencia,
la gracia, el humor, la inocencia.
Sin embargo Ella tumbó a nuestro lado
un costal de programas televisivos muy malos,
que se seca la entrepierna, que tose, que nos roba un cigarro.
Es por Ella que las mujeres embellecen
mientras los hombres frecuentan mas seguido
los piringundines de la muerte.

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