miércoles, 24 de febrero de 2010

Aneurisma I

Anáfora


Ana como áncora de salvación,
como anatema anclado en mi alma,
como cuando vos me hablás Ana,
con tu analgésica anémona de mar
y yo adquiero el color de tus palabras.
Ana linda y simple, Ana que anda y sana
en dulce deja-vú, una y otra vez, enésima Ana.



Segundos detenidos


No sé,
extrajeron tantos corazones
con esas pinzas neumáticas
por las que los peluches se te escurren
a un peso la ficha
dentro de esa caja de vidrio
que estás empañando.
Voy a detener un segundo la vida
para mirarte
hija de la tempestad,
pulsando un comando vertical
tu muñeca dando pequeños
movimientos de tiempo
guían tenazas sin voluntad
a muñecos sin nombres
que te temen.
Vos me decís algo que dejé escapar
por andar atrapando ángeles
en tu transparente cubo de expresiones
y ahora no sé si no es mi corazón eso
que viene colgando, que cae,
que tenés en tus manos…




Desplazamiento

Mi vida va hacia quien le hablo,
acaece
tu mis ojos, tu mis manos,
te encielo
te enlaberinto el alma,
esa luz antes del alba,
que no eres,
aunque a veces sueñes,
soy yo mi muerte
si tus labios de pronto palidecieran,
si tu mis ojos, tu mis manos
mi vida va hacia quien le hablo.



Trepidario


Ángel de andén, mica plenaria,
subterránea, hipnótica,
luz que graniza en acústica embellecedora,
mitología vial, mujer unicornio,
etérea, ferroviaria, voltaica,
escucha, me rompo,
tu voz me ensambla, te nombro.
¿Me abrazarás algo, poco, casi nada?
sentirás el tren pasar muy cerca,
sentirás mi corazón temblar.



Imaginaria


Flúor residente en ella,
de labial penicilina,
la vendimia en sus ojos
su fresca humanidad
el olor de los nísperos…
Respiro tan bien en su pelo
que todos los susurros aleatorios
son pocos para explicar lo que siento.
Su canto me corre como el agua,
imposible no imaginarla,
ella me mira con tal transparencia
que me es muy fácil saber,
en cual de sus manos oculta
una libélula imantada.



Abrazo


Los basiliscos
bajarán desde tus ojos,
y yo tendré que besarte muriendo
para darle vida
a los títeres de tu cuello
y a las luces asfixiadas
que te enmudecen.
Deberé tratarte
como cualquier cristalería,
hablarte del cause frívolo de la vida,
del cariño
maldecido y destinado,
esperando tal vez
que me mires con la ternura
confusa de lo ingenuo,
para hacer de mi alma
un espejismo incapaz de darte
más que un efímero consuelo
que te tiemble contenida.



Anhelo


A su tiempo el día
será,
a su tiempo el amor,
el día,
todo es como fue
siempre
y todo a su tiempo será
como siempre,
siempre el amor será
un tiempo,
hagamos juntos
el día
que será a su tiempo
el amor siempre.



Onírica


Aunque se nieguen tus pliegues viscerales
o recurra al mimetismo tu relámpago de carne,
aún en el sueño te reconozco.
Famélico descubrí tus nutrientes
cuando no había pan en el mundo que nos salve,
tu cuerpo se desnudó como un Sahara
y yo sediento bebí de tu alma o su espejismo.
Cuando en tus labios diablos vertientes
de suero y fuego me ato a Erato,
a tu lengua de peces exóticos en continuo proteo,
el mal me posee
y siento a mi corazón serpenteándome la voz,
entonces quizá quiera ser tu hijo,
tu espejo, tu sexo o tu ángel,
algo que quieras llevar por siempre.
Vulnerar tu cuello con mis colmillos transilvanos,
descender a la hora sin tiempo entre tus piernas
para enamorarme de ese libro que incendia inquisidores
y leer sus páginas cuando ardan
repitiendo de memoria sus versos en tu oído.
Saberte dulce, fragante, onírica,
sembrar mi sismo en tu cisne
que burbujea bajo las telas que te cubren,
juego vengativo que inventó tu sexo
para atarme al frenesí de tu vientre,
a su génesis apocalíptico, sinfónico, esmerilado.
Entonces habrán bañeras de latón,
pupilas con sus velas de parafina verde,
habrán hormigas haciendo el amor por todas partes
con prodigiosos ronroneos comunicantes,
habrán suspiros y gemidos, aves de precisión
en la ambigüedad del cielo raso,
que existe, que no es cierto,
donde se desvanece tu piel, onírica
y en tu nogal parpadeante
un flujo de viento desde la ventana de otro cuarto
me deje sin tus templos nuevamente.

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